El latir de las ciudades, la salud de la red de calles.

Los debates sobre el urbanismo han hecho correr ríos de tinta y flujos de bytes (¡y lo que te rondaré morena!). Lo más llamativo es que desde que el planeamiento y diseño de las ciudades se consideró como un área del conocimiento humano, los urbanistas han descrito la ciudad con conceptos simples e ingenuos. Han prevalecido los conceptos de orden de jerarquías, geometrías regularizadas, de separación de las partes sobre el todo, yendo todos ellos en contra de la complejidad desordenada de las ciudades. Hablemos de ello y de lo que tiene que aportar la Sintaxis Espacial sobre el sistema de calles urbanas.

Esta innata complejidad parece que desafiaba la propia descripción que se hacía de ésta; con lo que se la describió con conceptos y términos que estaban más cercanos al pensamiento común que a la realidad emergente. Y estos conceptos se convirtieron en herramientas inexactas y escurridizas para los diseños y planes de las nuevas ciudades.

Quizás la disciplina urbanística debería alejarse del lenguaje simple y llegar a descripciones espaciales de edificios y ciudades con la mínima intervención de conceptos lingüísticos posible.

Y este es precisamente el objetivo principal de la Sintaxis Espacial. Poder describir, comparar y relacionar las diferencias entre patrones espaciales con el mínimo de términos y mínimo de significado necesario. Hacer que la ciudad y el edificio hablen, en lugar de hablar en su nombre.

No es que las ciudades estuvieran desordenadas sino que la complejidad ordenada subyacente no la podemos sustraer con los métodos empleados hasta ahora. Necesitemos unos parámetros más concretos de los que usan descripciones basadas en el lenguaje hablado.

Sabemos que las ciudades de todo el mundo tienen mucho en común tanto espacial como físicamente. En sus inicios todas fueron islas de edificios conectados por el exterior por redes de espacios lineales y, que a su vez, estas redes tenían diferentes funciones solapadas. Algún tipo de fórmula subyacía en la creación de estas ciudades y con su posterior crecimiento esta simplicidad pasaba a patrones espaciales funcionales emergentes más complejos.

Es esta complejidad que emerge con el crecimiento de las urbes la que necesita ser capturada por descripciones estructurales.

La Sintaxis Espacial ha recorrido un largo camino para lograr este objetivo. Extrae las estructuras subyacentes de la complejidad de las ciudades reales. Junto a un cuerpo teórico en constante formación, desarrolla modos de análisis que muestran cómo se conectan los elementos unos con otros para formar patrones tanto locales como globales.

Buscando las características espaciales universales, así como las que determinan las diferentes culturas, se puede encontrar la incorporación y reproducción de los patrones sociales y económicos de cada red de calles.

La micro y macro estructura de la red de calles. Movimiento y lugar.

Durante la mayor parte del siglo XX los urbanistas mantenían dos suposiciones:

1. El sistema de calles es demasiado simple y uniforme para invertir un esfuerzo creativo en ellas.

2. El sistema de calles es demasiado neutral para servir de base y crear nuevos tipos de comunidades.

Ambas son incorrectas. Las redes de calles son complejas y llenas de sutilezas, tanto en sus propiedades universales como en sus variaciones culturales. Y es a través de estas complejidades y sutilezas donde las fuerzas económicas y sociales encuentran su expresión espacial. La relación entre la organización local y global de las mismas hace que todo esto sea posible.

Fue esta relación entre escalas y, en consecuencia la relación entre movimiento y lugar, la que fue abandonada por los planificadores y diseñadores del siglo XX, siendo relegada a los ingenieros de caminos. Simplemente se ignoró. Un error de consecuencias caras, ya que a través de estas relaciones la ciudad expresa las fuerzas económicas y sociales que genera.

La falta de medios para describir estas complejidades y la consiguiente sustitución de las ingenuas descripciones basadas en el lenguaje común hicieron invisibles estas complejidades. Ante todo, un fracaso de la metodología.

Todo el esfuerzo del siglo XX para diseñar zonas concretas y aisladas, delegando los espacios de conexión entre estas zonas a los ingenieros de carreteras, fue la raíz del error en tanto se separó la variable de movimiento de la creación de lugares.

Mientras la sinrazón se perpetúa, la Sintaxis Espacial ha demostrado que el movimiento es el corazón del lugar, que late con fuerza en aquellas ciudades donde se le permite desarrollarse.

El patrón de estructura de calle es el medio por el cual se da la coexistencia normal y pacífica de las diversas y densas poblaciones. La vida de las calles parece ser el indicador más poderoso de la presencia de la sociedad civil.

El abandono de la calle como elemento clave en el siglo XX trajo la extinción de la forma de vida por la que las ciudades se distinguían.

Pero no todo está perdido y ahora sabemos cómo centrar el problema. Con el avance de la ciencia urbanística de estos últimos años se podrá generar la cultura universal de la calle y volver a llenarlas de vida en todos aquellos lugares donde fallamos en el siglo pasado.

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